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Hiperrealidad e Instagram: Redefiniendo el concepto visual del ser humano a través de una estética alienígena y agénero

El ser humano es un ser visual. Nuestra realidad y cotidianidad depende de las imágenes para poder subsistir. Mucho más por el momento histórico en el que vivimos. Aunque no queramos aceptarlo, el dominio que tienen las redes sociales y el internet en nuestro diario vivir es enorme. Siempre hemos sido influenciados por lo visual, pero no de manera universal ya que en el pasado el acceso a tecnología dependía de la clase social. Esta influencia ha cambiado nuestra forma de expresarnos, de formular ideas y pensamientos, nuestra percepción de la realidad, la manera en que nos comportamos y hasta de como nos mostramos ante la humanidad. La cultura algorítmica, según Diego García Ramírez y Dune Valle Jimenez es la forma en que las experiencias culturales han cambiado de ser “curadas” por grupos de personas a ser definidas por algoritmos (2020, p. 23) No quiere decir que el “input” de estos algoritmos es puramente mecánico, ya que estos son programados por humanos, pero si están influenciados por la manera en que nos comportamos dentro de la red.


La red social que más influencia nuestra manera de ver el mundo es Instagram. Según Jia Tolentino expresa en su artículo The Age of the Instagram Face: “Instagram, el cual lanzó justo cuando la década recién comenzaba, en octubre de 2010, tiene su propio lenguaje estético: la imagen ideal en siempre la que aparece instantáneamente en una pantalla de celular.” (Tolentino, 2019, p. 2). Sus usuarios, por lo general, utilizan las opciones dadas por la aplicación para publicar lo que le convenga, la imagen que consideren perfecta. Ya sea para fingir ser alguien más o para presumir o alardear sus posesiones y bienes materiales. Sin embargo, por más tóxico que pueda parecer lo que ofrecen, para algunos, Instagram es el único lugar donde pueden presentar la imagen idealizada de su físico. Tal es el caso de la pareja de diseñadores de moda, activistas y músicos canadienses Hannah Rose Dalton y Steven Raj Bhaskaran, mejor conocidos como Matières Fécales o Fecal Matter, sus respectivas cuentas de Instagram.


Antes de entrar en el caso de los diseñadores, cabe destacar dos factores muy importantes para entender el análisis de sus perfiles de Instagram. El primer factor para tomar en consideración es la hiperrealidad. El filósofo y sociólogo Jean Baudrillard explica en su libro Simulacra and Simulations (1994) nos explica este concepto y recalca que no es lo mismo que una simulación. La hiperrealidad no es una falsa representación de la realidad, sino que es una realidad palpable y se nos presenta como imaginaria para definir todo a su alrededor como lo real. Es decir, la hiperrealidad es más real que la realidad misma. Según él, estamos sumergidos en el simulacro que es nuestra vida diaria y por esta razón es que se nos hace difícil discernir entre lo que puede ser realidad o no. Factor que es mucho más complicado de poner en perspectiva en nuestra época. Ya que, como mencionan las autoras Sturken y Cartwright (2018): “la tecnología digital nos ha conducido desde la era de la reproducción a la era de la simulación” (p. 208). Por lo tanto, podemos asumir que los medios de comunicación y las plataformas sociales que utilizamos han logrado separarnos mucho más de lo real. La percepción actual de la realidad que nos rodea es hiperreal. Pasamos la mayoría de nuestro tiempo dentro de un mundo digital y cibernético donde hay infinidad de realidades alternas, como esas que menciona Baudrillard (1994) al hacer referencia a Disneylandia (p. 12-14) . En el caso de las redes sociales, cada persona vive su propia narrativa, como se mencionó anteriormente, y tendemos a juzgar lo que es real o no por lo que decide compartir una persona en la red social de su preferencia.


El segundo punto importante que hay que tomar en cuenta dentro del análisis de los diseñadores son el papel que juegan las redes sociales como plataformas en sí. La autora, José Van Dijck y el autor Thomas Poell, le llamaron a esto la lógica de los medios sociales. Al igual que la lógica de medios de masa, es simplemente la manera en que los medios sociales han logrado insertarse en la vida cotidiana. Según Van Dijck y Poell (2013), es la forma en que las redes sociales abren paso a nuevas estrategias, mecanismos, economías y tácticas dentro y fuera de la vida online. En su artículo Understanding Social Media Logic (2013), los autores destacan cuatro elementos que facilitaron la inmersión de los seres humanos en los medios sociales. Estos son: la programabilidad, la conectividad, la popularidad y la dataficación.


La programabilidad resume dos características importantes dentro de los medios sociales, el código o todo el lenguaje de programación que recoge los algoritmos, los datos, protocolos e interfaz de la plataforma social (Dijck & Poell, 2013, p. 5). La segunda característica corresponde a la inherencia del ser humano en la creación de ese código. Al estar actualmente regidos por una cultura algorítmica, ésta cobra mucha más importancia ya que vivimos tan inmersos en las plataformas sociales que perdemos de perspectiva que el algoritmo que rige a cualquier red social está altamente influenciado por la subjetividad de la persona que lo codificó.


El segundo elemento mencionado por los autores es la conectividad. Este está cargado por una dualidad dado que las conexiones a las que hace referencia son la que se lleva a cabo entre personas dentro de la red social y la que sucede cuando la persona se conecta a la plataforma a través de un dispositivo electrónico con acceso a internet. El tercer elemento pertinente para la lógica de medios sociales es la popularidad. La lógica de medios de masa también se valía de la recepción de las personas para la trasmisión de mensajes a favor de temas o ideales específicos. En el caso de las redes sociales, se afecta, adicionalmente, por los algoritmos y las estructuras económicas. La popularidad no es solo medida por las personas que presionan “me gusta” o por cuantos vistos o compartidos obtenga una publicación, sino que la popularidad se ve sumamente afectada por la programación del algoritmo. Las personas que utilizan la red social pueden pensar que son quienes deciden la popularidad de algo o alguien. No obstante, el que decide lo que es popular o no es el algoritmo y su programador.


El último elemento esta lista es la dataficación o la manera en que los datos de las redes sociales son cuantificados; esto incluye desde los datos demográficos, que siempre se han cuantificado, hasta la localización de cualquier dispositivo conectado en un momento específico. Por lo tanto, este elemento ayudó a las redes sociales a desarrollar técnicas de predicción y de analítica en tiempo real (Dijck & Poell, 2013, p. 9). Los cuales se utilizan para la comercialización o la restructuración de la plataforma. El problema principal, o como escriben los autores “el aspecto importante” (p. 10), de la dataficación es la naturalidad de su mecanismo, el cual es inaccesible al escrutinio público y, a su vez, difícil de identificar. Al final de todo, esto se resume en algo muy simple. Como expone Lev Manovich en Media After Software (2013): “lo crucial es el software” (p. 31).


“Las nuevas formas de acceso a los medios, distribución, análisis, generación y manipulación vienen todas del software.”(Manovich, 2013, p. 31). Al igual que los algortimos, los softwares y sus aportaciones o procedimientos están construidos y codificados por seres humanos, por lo que podrían verse afectados por parcialidades. A pesar de ello, al ser la mayoría programas que asisten a personas a llevar a cabo alguna acción dentro de la computadora, las parcialidades son casi imperceptibles. Aún más por el hecho de ser programas o aplicaciones donde el usuario tiene la libertad de hacer lo que quiera y cuando quiera dentro de la interfaz. En el caso de la pareja de diseñadores, dependen de ambas cosas tanto de los algoritmos – por su presencia en las redes sociales – como del software para llevar a cabo las fotomanipulaciones necesarias para crear sus imágenes. Lo que hace que la aseveración de cierre en el artículo de Manovich (2013) cobre sentido: “los medios se tornan software” (2013, p. 37). O, en palabras de McLuhan: “El medio es el mensaje” (2001).


La pareja de diseñadores de moda canadienses conocidos en las redes sociales, específicamente Instagram, como Matières Fécales se dedican a utilizar su plataforma para crear conciencia sobre lo que es ser diferente en una sociedad que tiene unos estándares de belleza y “normalidad” muy rígidos. Su lema principal es “Provocar la sociedad”, por lo que su estética va más allá de las redes sociales, es su estilo de vida. Hannah y Raj se conocieron en la escuela de diseño cuando todavía no habían comenzado sus transiciones. En el caso de Hannah una estética y en el caso de Raj tanto estética, como de género ya que se considera una persona no-binaria. Para ellos lo primordial es ser auténticos en una sociedad que trata de que todo el mundo encaje en un molde preestablecido. Su apariencia en el día a día es creada gracias al maquillaje y a sus creaciones de moda. Sin embargo, a la hora de publicar en su Instagram, utilizan la fotomanipulación para lograr transformar sus cuerpos en criaturas que parecen sacadas de libros o películas de ciencia ficción. Para muchos, este tipo de imagen puede parecer grotesca, repugnante y fuera de lugar. De hecho, hay personas que a diario tildan a la pareja de ser demonios en la tierra. Las autoras Sturken y Cartwright (2018) explican en su libro, Practices of looking: An introduction to visual culture, que:

Todas las imágenes están sujetas a juicios según criterios como la belleza, la moda o la orientación política. Los criterios utilizados para interpretar y dar valor a las imágenes dependen de los códigos culturales relativos a lo que hace que una imagen sea agradable o desagradable, hiriente o positiva, chocante o banal, interesante o aburrida. Como hemos explicado, estas cualidades no residen en la imagen u objeto, sino que dependen de los contextos en los que se ve, de las leyes y códigos imperantes y en competencia en una sociedad determinada, y del espectador que emite ese juicio. […] El gusto desafiante puede ser una declaración política contra la asociación clasista del buen gusto con el alto coste. El “mal gusto” se considera a veces un producto de la ignorancia de lo que se considera “de calidad” o “de buen gusto” dentro de una sociedad. Pero abrazar el “mal” gusto o el gusto “sin arte” también puede significar la pertenencia cultural a una élite educada que se opone a los dictados de la “calidad”. […] Pero el gusto también es algo que se puede desafiar, del mismo modo que se puede desafiar el significado dominante de una imagen, aunque se esté interpelado por ella. Así, podemos desplegar el gusto a través de prácticas de consumo que implican el rechazo de los significados particulares que se aferran a una marca o imagen, ya sea a través de un abrazo irónico o a través de un rechazo rotundo.

p. 60 – 61

Las autoras también mencionan que:

Baudrillard señaló una importante distinción entre los procesos de representación y simulación. Una representación sustituye o proporciona datos sobre algo que la preexiste, algo que entendemos como real y que tenemos en nuestra mente como fuente de una copia. Lo real, desde este punto de vista, preexiste a la copia; sin la preexistencia o el concepto mental de este real, no hay representación. La simulación implica un proceso en el que el modelo de lo real, el simulacro, puede preceder a lo real mismo. La simulación es el proceso por el que se imita una acción o un proceso, pero un simulacro es la sustitución efectiva de lo real, una sustitución que, en efecto, pone en cuestión lo real. El simulacro no requiere un real preexistente. De hecho, puede transformar lo que podríamos llamar lo real, o provocarlo.

Sturken & Cartwright, 2018, p. 307

Por lo tanto, el mero hecho de presentarse de una manera que incomode a los demás es un tipo de resistencia, no solo política, sino que también puede ser considerada una oposición a ser parte de la simulación que es el día a día. Ellos viven en su propia hiperrealidad, dentro y fuera de las redes sociales, ya que “Lo hiperreal no es solo el efecto de una buena copia que nos hace creer que es lo real; es la experiencia de un simulacro, […] y puede servir de modelo para lo real.” (Sturken & Cartwright, 2018, p. 309)

Las personas pueden criticar la manera en que esta pareja de artistas ha escogido presentarse ante el mundo, pero no son tan diferentes como dicen ser. La gran mayoría, si no son todas, de las personas que utilizan la red de Instagram utilizan filtros o retoques en su cara o su cuerpo para exhibir imágenes que les parezcan más estéticamente placenteras. Todos hemos pecado de querer ser personas o seres que no existen. La realidad es que nadie está complacido 100% de su imagen y quien diga lo contrario miente. La diferencia entre querer arreglarte la nariz o alguna otra parte del cuerpo para ser más parecido a la celebridad de tu predilección y el querer verte como un ser extraterrestre esta, simplemente, en la manera en que nuestros cerebros han sido programados para decidir cual es la manera correcta en la que un ser humano debe presentarse ante el mundo. Esto se resume en el siguiente argumento:


[…] un aspecto central del conocimiento posmoderno: como espectadores-usuarios, a menudo ocupamos dos posiciones a la vez, el espectador que ve el artificio y el espectador que consume el mensaje. Los aspectos del estilo posmoderno que hemos discutido, que nos interpelan como espectadores conocedores, nos constituyen, así como espectadores que pueden ocupar múltiples posiciones a la vez, navegando entre la visión de la ilusión y el marco que la construye, y participando en los placeres de la narrativa y de la imagen a la vez que la critican.

Sturken & Cartwright, 2018, p. 322


La mayoría de las personas argumentarán que el problema es el internet, en especial las redes sociales, que nos exponen a tantos puntos de vista que comenzamos a corrompernos y a alejarnos de todo lo que es “normal”. No debemos regresar al pasado, ni abandonar la tecnología. El problema es que las personas en el poder querrán mantener los estándares establecidos. Se molestan si se utilizan a nuestro favor los avances tecnológicos para no seguir perpetuando estereotipos, divisiones y discriminaciones. Todo lo diferente siempre será criticado y luego asimilado. No estoy diciendo que ahora todos querremos vernos como alienígenas, sino que hay que respetar a todos. ¿En qué nos afecta que alguien quiera verse distinto? Estamos tan agobiados por la manera en que el mundo nos trata, se debe aprovechar al máximo cualquier tipo de acción que nos brinde felicidad. “La autoconciencia de la inevitable inmersión en la cultura cotidiana y popular ha llevado a algunos artistas posmodernos a producir obras que examinan reflexivamente su propia posición en relación con la obra de arte o el contexto institucional de la misma.” (Sturken & Cartwright, 2018, p. 321)


Dentro del mundo online, trabajamos con todas estas disyuntivas en cuanto a la crítica y la manera en que se juzga algo o alguien por su aspecto. Como se mencionó durante el escrito, los algoritmos son escritos por personas y sus propios juicios ante situaciones externas pueden afectar la manera en que estos son construidos. Siempre habrá algún tipo de discriminación, pero mientras halla personas como Raj y Hannah, podremos mantenernos conscientes de la simulación en la que vivimos. Al final, todo se reduce a la aseveración de McLuhan, “el medio es el mensaje” y ahora mismo nuestro medio principal son los algoritmos, los cuales no existirían sin el software. Para la pareja de artistas dependen del software tanto para llevar su mensaje como para crearlo. Utilizan programas como Photoshop para transformarse digitalmente a las criaturas que nos presentan. Estas pueden ser reflejos de como desearían verse o los constructos sociales que les atormentan y deciden representar como demonios. Aunque no estén necesariamente conscientes, el hecho de que sean considerados “influencers” provoca que utilicen la lógica de las redes sociales para mantenerse relevantes. Como se mencionó anteriormente, esto se manifiesta en 4 características: la programabilidad, la conectividad, la dataficación y la popularidad. La progamabilidad, en su caso es la resistencia que presentan a los algoritmos. La dataficación no se ve tan marcada, pero si tienen su propio demográfico, ya que sus publicaciones gozan más de la crítica que de la admiración o el respeto. Cabe destacar que dentro de Instagram existe un niche de personas igual que ellos, pero tienden a borrar sus publicaciones ya sea porque son más gráficas y la red los censura o porque no aguantan la presión mental que surge a consecuencia de querer retar lo establecido. En cuanto a la popularidad y conectividad, la pareja a logrado su cometido de “Provovar la sociedad”. Estos comenzaron su cuenta en el 2016, luego que las personas comenzaran a preguntar quienes eran los que aparecen en un video caminando detrás a una modelo en un evento de Dior llevado a cabo en Museo del Louvre. Poco a poco fueron ganando seguidores que quedaban intrigados por sus diseños y manera de vestir. A pesar de existir muchos críticos, lograron conectar con un buen número de personas que les admiran. Además, ayudan a muchos a entender que no hay nada malo con querer salirse de la norma. En este momento cuentan con mas de 700 mil seguidores. Han sido reconocidos por grandes plataformas de la moda como Vogue y museos de arte en Canadá. Como se dice por ahí, los cambios en las normativas siempre comienzan por las críticas y la resistencia.


La percepción de la imagen que utilizamos en nuestro diario vivir es una Platónica, ya que se piensa que todo lo que existe son copias malas del ideal perfecto en nuestro imaginario. Nuestro mundo es una simulación, según Baudrillard y lo más cercano a lo real es la hiperrealidad. Así que, lo real no sabemos como se ve o se siente. Mario Perniola en su libro Sociedad de los simulacros (2009) lo resume de la siguiente manera: “Hoy, el patrimonio estilístico, formal y cultural de la humanidad puede ser objeto de una simulación que se presenta como tal, una ficción que, además de ofrecerse a sí misma, también da las señales de su propia irrealidad” (p.162). A pesar de que la imagen pueda ser considerada un cconstructo de nuestra imaginación, el hecho de que alguien pueda expresarse libremente sin ningún tipo de prohibición o censura hace que la misma cobre sentido y exista. La representación de grupos que antes eran marginados en campañas publicitarias o hasta en sus perfiles personales en redes sociales hacen de la imagen un instrumento importante. Esta ayuda a tomar postura en contra de las figuras y estructuras de poder que nos rodean. La imagen, especialmente la que se encuentra en las redes sociales, pasa de ser un símbolo de represión a uno de expresión y resistencia. Debido a esto, estamos sobresaturados de imágenes a diario, pero esto no significa que el poder de la misma deje de tener pertinencia. Como se menciono a principios de este escrito, los humanos somos seres visuales y las redes sociales como Instagram nos satisfacen sin importar sus repercusiones. El mundo sin redes sociales ya está muy distante, querramos o no, estas llegaron para quedarse.

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