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Tinder y sus intentos de dar “swipe left” a la violencia de género

Imagen de Visual Hunt

Por: Génesis Dávila Santiago

Hace poco más de un año, diversos medios de comunicación del país reportaron la noticia de una mujer que fue violada por cinco hombres en el pueblo de Añasco. El énfasis principal de los reportes, en aquel momento, fue que contactó a los hombres por una aplicación de citas en Internet. Aunque surgen muchas interrogantes sobre si los diarios reportarían la situación de la misma manera si se tratara de un hombre, esta vez, vale la pena cuestionar de qué forma las aplicaciones para citas utilizan estrategias para reducir el riesgo de violencia de género.

Titular de nota publicada en El Nuevo Día sobre la denuncia de violación.

A pesar de que, en este caso El Nuevo Día reseñó que se trataba de la aplicación Chispa, sería factible tomar el ejemplo de Tinder, una de las aplicaciones de citas más populares a nivel mundial, para examinar de qué manera el mundo hiperreal creado por sus desarrolladores se proyecta como una plataforma segura para las mujeres en una sociedad donde la violencia de género afecta más a esta población.

Asimismo, vale la pena preguntarse de qué forma las características de la plataforma fomentan un ambiente libre de violencia de género y analizar la respuesta bajo el lente de la cultura algorítmica detallada por Diego García Ramírez y Dune Valle Jiménez (2019). Después de todo, la aplicación alcanzaba 6.2 millones de suscriptores solo en Estados Unidos para el 2020 según datos de Bussiness of Apps; si tantas personas confían en ella para conectar con otra persona, merece un poco de atención. 

Ilustración tipo gif sobre el funcionamiento del “swipe” en Tinder.

Tinder es una aplicación para citas lanzada el 12 de septiembre de 2012. Bajo un logo rosado con ícono en forma de fuego, la aplicación presenta a los usuarios perfiles de otras personas que el usuario decide si le interesa y desliza a la derecha (swipe right) o si no le interesa y desliza hacia la izquierda (swipe left). Para lograrlo, utiliza la información que provee el propio usuario; entre los datos mínimos que exige, se encuentra el nombre, edad, la ubicación y dos fotos.

Cabe destacar que, como todo medio social, la aplicación recae en los intentos del ser humano de reconstruir la realidad no para representarla, sino para simular lo que podría ser. Se trata entonces de un espacio donde no se intenta representar el mundo mismo de citas como lo sería en la cotidianidad de un espacio físico, sino de simular un mundo utópico en el que la invención humana juega un papel protagónico.

No obstante, este mundo trastocado por la invención y las ideologías de los seres humanos ya no podría describirse como real, sino que trasciende la definición misma de lo real. Jean Baudrillart (1988) acunó el concepto de hiperrealidad para describir esas ocasiones en las que la realidad se confunde con la ficción creada por el mismo ser humano. Para este filósofo francés, la realidad es un camino que se persigue con nostalgia cuando los seres humanos se alejan de ella, pero es también dueña de grandes conflictos para los cuales solo un mundo hiperreal presentaría una posibilidad de salida.

“Ninguna de nuestras sociedades sabe gestionar su duelo por lo real, por el poder, por lo social mismo, que está implicado en este mismo colapso. Y es mediante la revitalización artificial de todo esto que tratamos de escapar”, asegura el autor en su texto Simulacra and Simulations (1988, p.178). 

 Las redes sociales no han hecho más que explotar esa construcción de nuevos mundos que parten de la realidad, pero que, en ocasiones, se despegan de ella. En este caso, Tinder simula lo que sería un encuentro casual con otra persona. Es como llegar a una fiesta y conocer a otros, pero sin salir de la habitación. Es también saber, en un tiempo reducido, si hubo un interés mutuo entre las dos personas.

De manera que se trata de una nueva realidad en la que se prescinde de un espacio físico y donde se ahorra tiempo de incertidumbre sobre si hubo química entre ambas personas o no. Se parte de la utopía de un mundo de citas en el que no existe el rechazo, en el que una pandemia que exige distanciamiento físico no afectaría las interacciones cotidianas entre seres sexuales, y donde se tienen múltiples posibilidades de selección de personas. ¡Parecería un sueño hecho hiperrealidad! 

El profesor de informática Lev Manovich asegura en su texto Media After Software que entre los seres humanos predomina la creencia de que el software, es decir las herramientas que permiten a los aparatos tecnológicos lograr su función, será capaz de solucionar todos los problemas de la sociedad. Para Manovich, el software se ha convertido en un instrumento lleno de posibilidades donde las personas pueden buscar lo que necesiten por Internet, incluyendo una pareja.

Este contexto es importante para adentrarse en las implicaciones de una sociedad que deposita toda su confianza en los avances de Internet, pues García Ramírez y Valle Jiménez (2019) argumentan que detrás de la creencia de que Internet es capaz de resolver problemas, se esconden también los desafíos sociales, políticos y económicos de situaciones que los seres humanos aún no han sido capaces de resolver en su vida diaria. Esta situación deja consecuencias graves en la sociedad porque, según los autores, la tecnología o lo que más adelante se definirá como algoritmo solo provee soluciones simples que en realidad no resuelven lo fundamental. 

“Se han tenido que traducir los problemas (sociales, políticos, económicos, culturales) al lenguaje de las máquinas para que estas funcionen con algoritmos. Según Evgeny Morozov (2015) esta traducción ha derivado en soluciones simples a problemas complejos. Por tanto, para este autor ‘lo polémico […] no es la solución planteada, sino la definición misma del problema’”, argumentan los autores (p. 21). 

Los algoritmos, según García Ramírez y Valle Jiménez (2019) son un sistema de instrucciones creado para resolver un problema. Aunque parece conveniente e incluso necesario, los autores argumentan que la sociedad actual ha descansado tanto en su utilización que los algoritmos se han convertido en quienes moldean las decisiones cotidianas de las personas. A esta realidad en la que se interviene con las decisiones cotidianas, los autores la llaman cultura algorítmica.

Por ejemplo, la plataforma Tinder funciona con un algoritmo que decide con qué persona el usuario pasará su tiempo. De seguro, si se le hablara a un usuario de que existe un “algo” tomando decisiones por él, quizás se sorprendería y argumentaría que es él quien decide si aceptar o rechazar las propuestas. No obstante, en el caso de esta aplicación para citas, es el algoritmo el que decide quienes aparecen en el perfil de la persona y, contrario a otras aplicaciones como Facebook e Instagram, la plataforma carece de un motor de búsqueda para que la persona pueda localizar otras opciones.

Aun así, usualmente, las personas toman el concepto como una ayuda para tener opciones de personas con las cuales conectar. Así, el control que ejerce el algoritmo pasa como inofensivo y desapercibido, según García Ramírez y Valle Jiménez (2019). 

 La realidad algorítmica de Tinder no implica que la aplicación sea incapaz de solucionar problemas. Sería posible argumentar que la plataforma resuelve el problema que pueda tener una persona de soledad, fantasía, deseo sexual o inquietud de conectar con alguien. Se resuelven también problemas de rechazo porque la plataforma no permite que sus usuarios se enteren de quién les colocó la “x” o deslizó hacia la izquierda.

Sin embargo, reconocer que la aplicación se inmiscuye en la cultura algorítmica es también saber que no será capaz de resolver los problemas más allá de lo que la sociedad los ha resuelto en su diario vivir.

Puerto Rico, por ejemplo, vive una crisis de violencia de género. Ante la situación, el 24 de enero de 2021 el gobernador Pedro Pierluisi Urrutia decretó un Estado de Emergencia. No se esperaría entonces que la aplicación en el archipiélago carezca de situaciones de violencia. De ahí la importancia que adquiere la noticia sobre la mujer de Añasco, aún cuando la aplicación utilizada haya sido distinta, pues la violencia de género figura como un problema complejo en el país.

No obstante, esa situación no implica que la plataforma sea incapaz de tomar medidas para disminir los daños, pues, como se estableció anteriormente, el concepto de hiperrealidad establece que muchas herramientas tecnológicas han sido capaces de sobrepasar la realidad misma. 

Problemas más comunes de las plataformas en línea

La Organización de Naciones Unidas (ONU) define la violencia de género como “los actos dañinos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género”. Sus estimaciones indican que casi un 35% de las mujeres a nivel mundial han sufrido alguna vez un acto de violencia física o sexual. Esta puede abarcar desde acercamientos indeseados hasta la violencia física, pero no necesariamente tiene que haber contacto físico para que ocurra.

De hecho, la ONU asegura que existen múltiples tipos de violencia de género entre los que se encuentra: violencia económica, psicológica, emocional, física, sexual, trata de personas, mutilación genital femenina, matrimonio infantil y, una de las más importantes para este ensayo, la violencia digital. Esta última comprende desde ciberacoso, es decir, envío de mensajes intimidantes; sexting, envío de mensajes o fotos con contenido explícito sin contar con el permiso de la persona que recibirá el mensaje; y doxing, que implica la publicación de información privada o que identifique a la víctima (ONU Mujeres, 2020).  

Un estudio realizado por Pew Research Center concluyó que las formas en que más frecuentemente se manifiesta la violencia en plataformas en línea son por medio de acoso, envío de imágenes no deseadas, utilización de nombres ofensivos para llamar a otra persona, y amenazas de hacer daño físico (2020). Entre estas, la mayoría de las denuncias son hechas por mujeres.

Gráfica con datos divididos por género, edad y tipo de violencia; tomada de un estudio de Pew Research Center.

El estudio también indicó que una tercera parte de las mujeres encuestadas no percibía las aplicaciones para citas como un lugar seguro para conocer personas. Asimismo, el 32% de las mujeres aseguró que el acoso y el bullying son comportamientos muy comunes dentro de las plataformas en línea en el 22% de los hombres que aseguraban lo mismo. De manera que esos datos revelan que la realidad de las aplicaciones en línea es distinta dependiendo del género de la persona. 

“De manera similar, las mujeres que han usado plataformas de citas en línea son más propensas que los hombres a decir que es muy común que las personas reciban mensajes o imágenes sexualmente explícitas que no pidieron (55% frente a 42%). Esta brecha de género es más pronunciada entre los que se citan en línea menores de 50 años que entre los de 50 años o más”, detalla la investigación. 

No obstante, el estudio de Pew Research Center no es el único que trabaja sobre las problemáticas de las aplicaciones en línea.

La tesis de Rosalie Guillet (2019) trabaja específicamente sobre cómo Tinder y otras plataformas las plataformas mediáticas perpetúan actos de violencia, específicamente sexual. En este caso, la autora atribuye conclusiones similares a las analizadas por Pew Research Center como lo son el acoso y los cuestionamientos a la seguridad.

Aunque aclara que no hay suficientes datos para depositar toda la responsabilidad sobre Tinder, Guillet considera que las plataformas como esta no son inocentes al momento de trabajar casos de violencia.

“El diseño arquitectónico y las características técnicas de las plataformas pueden permitir y reforzar las tecnoculturas tóxicas. De hecho, los algoritmos, los botones y las funciones ‘condicionan la interacciones sociales que albergan, así como también afectan fenómenos sociales y políticos más amplios’ (Ben-David y Matamoros-Fernández 2016)… El trabajo de Duguay et al. (2018) sobre experiencias de mujeres queer en plataformas de gobernanza patchwork como plataformas Tinder, Instagram,y Vine demostró cómo ‘la oscuridad del botón se seguridad de Tinder y el dominio de una tecnocultura tóxica sexualmente agresiva parecía apoyar una norma de no informar comportamiento sexualmente explícito o engañoso’” (pp. 42-43).

De manera que, para la autora, es la ubicación de los botones, sus colores y la forma en que opera el algoritmo legitiman la violencia contra las mujeres. 

Estas conclusiones no se alejan de las teorías de los acercamientos que García Ramírez y Valle Jiménez tienen sobre la cultura algorítmica en la que aseguran que los algoritmos no son neutrales ni carentes de problemas a pesar de que aparenten serlo.

La cultura algorítmica nombra “el uso de procesos computacionales para ordenar, clasificar y jerarquizar personas, lugares, objetos e ideas, y también los hábitos de pensamiento, conducta y expresión que surgen en relación con esos procesos… Lo que denominamos cultura algorítmica hace referencia a cómo nuestras experiencias culturales están cada vez más determinadas por algoritmos, de ahí que sea necesario dejar de entenderlos como neutrales, objetivos o aproblemáticos; pues las decisiones que estos toman entran a configurar y predeterminar comportamientos, tanto en el mundo online como en el offline, moldeando estilos de vida, pautas de comportamiento, visiones del mundo y la relación con nuestros semejantes y con otros” (Valle Jiménez, 2019, p. 23).

En el caso de Tinder, los algoritmos ordenan, jerarquizan y clasifican a las personas que aparecen en la pantalla principal. Esta situación resulta preocupante para los autores debido a que cada vez con más frecuencia las personas permiten que los algoritmos condicionen sus decisiones diarias. 

A su vez, Guillet (2019) hace una relación entre la estructura de la aplicación y la cosificación de las mujeres. De acuerdo con la autora de Everyday Violence: Women’s experiences of intitmate intrusions on Tinder, la aplicación nace de una cultura en la que el acoso sexual y la violencia de género es permitida. De manera que, aun cuando se trate de una plataforma mediática, es suceptible a reproducir los mismos patrones.

Para ejemplificar el concepto, Guillet menciona la acusación de acoso sexual que tuvo su cofundador Justin Mateen en 2014. De ahí que añada: 

“La cultura de la misoginia en el lugar de trabajo de Tinder ‘encaja con las críticas más amplias de la empresa por permitir que los usuarios masculinos inunden las bandejas de entrada de las usuarias con fotos pornográficas y abuso verbal’… (Este argumento) demuestra cómo las actitudes de los directores de plataformas pueden afectar las culturas de las plataformas” (p. 42). 

Medidas tomadas por Tinder para reducir la violencia

Aunque Tinder, hace unos años, permitió enviar fotos y vídeos que se eliminaban en 24 horas, actualmente, las funciones del chat no lo permiten. Este es un factor clave para evitar imágenes no deseadas ni solicitadas. Ahora, el chat se limita a textos, gifs, videollamadas, y posee la opción de compartir números de teléfono y redes sociales.

Imagen del chat de Tinder cuando se conecta con una persona. El botón “noonlight” está presionado. La ilustración está editada para preservar la identidad de la persona.

Es importante mencionar que la plataforma solo permite hablar entre personas que hayan tenido un interés mutuo.

En cuanto a la seguridad, en la parte superior derecha del chat, la aplicación colocó un ícono de escudo que utiliza como logo para todas las gestiones que se relacionan con seguridad. Este escudo no es gris claro, como algunos de los otros botones de la plataforma, sino que resalta más por su color azul.

Asimismo, un ícono circular bajo la barra de escribir mensajes contiene la opción de enlazar la aplicación con la plataforma Noonlight. De acuerdo con la página de Noonlight, la aplicación permite: contactar servicios de 9-11, conectar con puntos de acceso de seguridad pública y compartir la ubicación en tiempo real. Se trata de una inversión en la que la empresa que posee Tinder, Match Group, pretende proyectar mayor seguridad para las personas.

De acuerdo con TechGroup el vínculo con la aplicación de seguridad por parte de Tinder surge en respuesta a un reportaje publicado por ProPública y Columbia Journalism Investigations donde se denunció que la aplicación permitía que ofensores sexuales reconocidos utilizaran sus servicios. 

La plataforma también integró recientemente una opción para verificar fotos. Esta funciona cuando el usuario proporciona algunas fotos en tiempo real adicionales a las que se tienen en el perfil para que la herramienta compare si son de la misma persona.

De acuerdo con El Diario, trabajará con inteligencia artificial y empleados que tendrán la tarea de comprobar las fotos. De esta forma, se pretende evitar que los usuarios se hagan pasar por otras personas. No obstante, este servicio y el de botón de pánico solo están disponibles en Estados Unidos a pesar de que Tinder opera en 190 países, según Insider

Imagen ilustrativa sobre el nuevo botón de verificación de Tinder.

Otro de los grandes cambios de la plataforma en cuanto a sus métodos de seguridad fue el anuncio de la incorporación de un botón de antecedentes en 2021. Este permitirá enlazarse con la herramienta Garbo, dirigida por una mujer, para analizar los antecedentes de las personas. Esta nueva característica surge específicamente para prevenir la violencia de género de la cual muchas mujeres son víctimas por falta de transparencia, de acuerdo con un comunicado de prensa de Match Group.

“Durante demasiado tiempo, las mujeres y los grupos marginados en todos los rincones del mundo se han enfrentado a muchas barreras a los recursos y la seguridad”, dijo Tracey Breeden, directora de seguridad y defensa social de Match Group. “Reconocemos que las corporaciones pueden desempeñar un papel clave para ayudar a eliminar esas barreras con la tecnología y la verdadera colaboración arraigada en la acción. En asociación con Match Group, la revisión de antecedentes del consumidor reflexiva e innovadora de Garbo permitirá y capacitará a los usuarios con información, ayudando a crear caminos equitativos hacia los conexiones y comunidades en línea a través de la tecnología “, destaca el comunicado. 

La herramienta no permitirá conocer información sobre antecedentes por posesión de drogas. La razón establecida por la fundadora de Garbo, Kathryn Kosmides, sugiere que en Estados Unidos hay grandes problemas de acusaciones de posesión de drogas contra personas negras y ella no quiere ser parte de comportamientos inequitativos y racistas, asegura el reporte de Insider.

No obstante, contrario al servicio de verificación de fotos y el botón de pánico enlazado con Noonlight, el servicio de Garbo tendrá un costo de acuerdo con Insider. Este dato es un factor clave porque según Statista, Tinder posee 6 mil 600 millones de suscriptores que pagan por la aplicación. 

Cabe destacar que, junto a los ajustes y a la opción de editar el perfil, Tinder colocó el botón de seguridad. Al presionarlo, presenta guías sobre acoso sexual, cómo reportar a una persona, información sobre el consentimiento y consejos a tener en cuenta en caso de viajar para conocer a alguien. En el mismo botón, tiene una pestaña con guías para textear a la línea de crisis, para utilizar Noonlight, verificar la foto de perfil o desenlazarse de la persona con la que se conectó.

A su vez, provee recursos telefónicos y páginas web de diversas entidades que trabajan con violencia sexual. Entre estas se encuentra: RAINN’s National Sexual Assault Hotline, Black Emotional and Mental Health Collective, National Domestic Violence Hotline, Natonal Human Trafficking Hotline y otras. 

Queda camino por recorrer

Los avances tecnológicos han permitido que las generaciones actuales depositen su confianza en la innovación tecnológica para resolver muchos de sus problemas.

Lamentablemente, la violencia de género es un conflicto complejo que Puerto Rico, ni muchos lugares del mundo, han sido capaces de resolver adecuadamente. De ahí, que los problemas de violencia que surgen en el día a día, se reflejen también en las plataformas mediáticas y aplicaciones para citas.

Aunque la información sobre cómo se perpetúan actos de violencia dentro de la plataforma Tinder no es extensa, es posible establecer que Tinder, durante los últimos años, ha tomado medidas para mejorar la seguridad de las mujeres dentro de su plataforma. No obstante, reconocer que la aplicación funciona con un algoritmo diseñado bajo estructuras que perpetúan la violencia, es darse cuenta de que todavía queda trabajo por hacer para continuar avanzando hacia una plataforma libre violencia de género.

De igual forma, añadir costos a servicios de seguridad puede implicar mayores dificultades para mantener una plataforma donde se denuncie la violencia. Aun así, se deben resaltar las herramientas de consentimiento, denuncia, verificación y botones de pánico que permite la plataforma y que ha ido incorporando con el paso del tiempo para mejorar sus fallas. De ahí, que todavía pueda soñarse con la utopía de un espacio virtual libre de violencia de género. 

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