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#ProudBoys: Una contra apropiación dentro de la lógica de la conectividad

Protestas de derecha en Portland.

Estados Unidos de América, hace varios años, ha estado inmersa en luchas populares que, con frecuencia, se han articulado inicialmente a través de los espacios mediáticos. En la medida en que la web 2.0 se incorporó y demostró ser funcional para los usuarios, un mayor número de actividades comenzaron a trasladarse al entorno en línea. Cobrando mayor prominencia durante la última década en las plataformas de redes sociales. Un importante atributo es la manera en que las redes han penetrado profundamente en las prácticas colectivas teniendo efectos que trascienden el ciberespacio. Conjugándose entre la dimensión “online” y “offline”. Agregando un aumento a la esfera pública que abre acceso a nuevas formas de asociación, expresión e interacción. En los últimos años se han observado la aparición de movimientos sociales que, si bien se han presentado con fuerza, ha sido a través de herramientas tecnológicas con la funcionalidad de conectar, iniciar y extender conversaciones alrededor del mundo. Aquí es donde entra el hashtag o la etiqueta cliqueable. Símbolo que posee una participación discursiva importante, con la capacidad de reunir y masificar mensajes con gran visibilidad y relevancia, dentro de la esfera mediática. Que, aunque sea originaria de la plataforma de Twitter, impulsada por Chris Messina en 2007, con el propósito de utilizar el (#) para identificar y agrupar mensajes entorno a una conversación. Su gramática es entendida y utilizada fuera de la red social con funciones sociales, culturales, y metadiscursivas.            

Ahora bien, cuando analizamos esta herramienta en el contexto norteamericano, encontramos instancias en donde se convierte en símbolo y nombre de fenómenos sociales. Observamos como el hashtag, tiene funciones discursivas atadas a la resistencia ideológica que escapan de la categoría de “tecno-palabra cliqueable” (Paveau, 2012, p. 13).  Un ejemplo que ilustra lo anterior, es el hashtag #ProudBoys. Una contra-apropiación viralizada que ahora muestra mensajes de orgullo gay, sobre un enunciado que, en su origen, representa un grupo de extrema derecha que defiende actos violentos en Estados Unidos. Pero ¿qué nos dice este evento de contra-apropiación sobre la naturaleza, alcance, affordances de una tecnología como el hashtag? Del mismo modo, ¿qué relaciones de poder y opresión revela el hashtag #proudboys en su enunciación? Y, ¿qué representa una tecnología como el hashtag en el terreno hegemónico cultural?

Tan reciente como el pasado 29 de septiembre de 2020 se celebró el primer debate presidencial entre el saliente presidente de Estados Unidos, Donald Trump y su contrincante, y ahora presidente electo, el demócrata, Joe Biden. En este encuentro Trump hizo expresiones que fueron interpretadas por cibernautas como un apoyo hacia los “Proud Boys” o “Chicos Orgullosos”, un grupo supremacista conformado solo por hombres que ha sido calificado por la organización no gubernamental progresista de defensa de los derechos civiles Southern Poverty Law Center (SPLC, por sus siglas en inglés) como un grupo de odio. El FBI, por su parte, los cataloga como un grupo extremista de ultraderecha. Stand back and stand by” fueron las palabras exactas del entonces presidente dirigidas a los Proud Boys. Esto luego de negarse a condenar la violencia que representa el grupo. Sus miembros, a parte de tener presencia en ciudades de Estados Unidos, también tienen capítulos a nivel internacional en Canadá, Gran Bretaña, Noruega, Japón y Australia. Portan equipo de protección, armas de fuego, y han sido vinculados con crímenes contra manifestantes antifascistas. Además, según la CBC, plataformas sociales como Twitter, Facebook e Instagram prohibieron al grupo por expresiones de odio que evidenciaban misoginia, islamofobia, transfobia y posturas antiinmigrantes.

Basándonos en lo anterior, se propugnó el pensamiento de un grupo que atenta contra minorías dentro y fuera de la nación norteamericana; que trasciende las barreras físicas y geográficas. La ambigüedad de las palabras de Trump, fueron interpretadas como una dirección político-ideológica al colectivo, los cuales no condenó, sino que alentó a esperar, aunque no está claro a qué. Por supuesto, la difusión del mensaje tuvo impacto. Creó tensión entre actores sociales individuales y produjo efectos hegemónicos en una multiplicidad de espacios virtuales.

Es aquí donde una plataforma como Twitter, a través de sus herramientas tecnológicas, abre un acceso para el debate público y posibilita que determinados grupos, a través de la acción conectiva, se integren dentro de un marco discursivo. Esta contra-apropiación, en horas, fue tendencia en Twitter, también en Facebook e Instagram; en forma de hashtag y con una renovación de sentido. Presentando una nueva dimensión dela representación y resignificando el mensaje del movimiento que dio origen.

#Proudboys dentro de un conflicto hegemónico

Este hashtag, permite visibilizar el conflicto que permea al interior del enunciado “Proud Boys” e incorpora otra perspectiva con masividad. Asimismo, difunde un discurso que propone un nuevo marco de interpretación que irrumpe la construcción subjetiva de orgullo masculino que, este grupo, ha reforzado a través de sus acciones violentas y peligrosas. Del mismo modo, rompe con los mitos que ha simbolizado una ideología que sanciona la diversidad tanto dentro como fuera de los entornos mediáticos. Desde la perspectiva de Antonio Gramsci (1974), vemos una manifestación hegemónica. Una lucha entre perspectivas del mundo cargadas de creencias, ideas, valores, y concepciones acerca de lo que es la sociedad y los seres humanos y, sobre todo, lo que podrían llegar a ser. Una búsqueda por significar, prevalecer y ganar terreno cultural. Por otra parte, se manifiestan contradicciones que desencadenan una crisis en la ideología dominante y su consecuente rechazo. 

Pero más allá de contemplar la relación entre discurso e ideología en instancias como la que tarde en los sesenta, planteaba Louis Althusser. En donde destaca que, la ideología es una relación imaginaria entre individuos con condiciones reales de existencia. Como sería, por ejemplo, las iniciaciones de la organización de Proud Boys, donde es mandatorio, para pertenecer y ser considerado un merecedor miembro del colectivo: renunciar a la masturbación, nombrar cinco cereales mientras reciben una paliza, y realizarse un tatuaje que los identifique como parte del colectivo a través de un rito. Es importante comprender que, con la integración de las esferas mediáticas, más que nunca, estas condiciones son susceptibles a oposición, resistencia y evolución. Por lo que #ProudBoys,a través de su organización en red y sus elementos performativos, articulan la fuerza transformadora de cambio que podría originarse desde los espacios mediáticos. Exigiendo, sobretodo, otro tipo de condiciones de existencia. Planteaba Althusser que, la ideología existe entre la competencia y la lucha, entre la aceptación y la oposición. Por lo que entenderla como una práctica de nuestra experiencia colectiva, en la medida que nos da un sentido de pertenencia, es el camino más acertado para mirar con detenimiento fenómenos sociales como los que se manifiestan a través de los hashtag.  

El software y la conectividad

Ahora bien: este ensayo plantea una reflexión que, más allá de centrarse en el hashtag #ProudBoys, como un fenómeno ideológico. Busca ver el fenómeno del hashtag dentro de la nueva infraestructura online. Para esto, se hará uso de herramientas teóricas, como: el concepto de software desarrrollado por Lev Manovich en su libro en su libro “Software takes command”, y elementos en torno a La Cultura de la Conectividad: Una historia crítica de las redes sociales, expuesto por José Van Dijck. Lo que se intenta ilustrar es, cómo el uso de software logra reconfigurar aspectos sociales y culturales.

Algo que Van Dijck aborda en su libro, es que en menos de una década se organizó una nueva infraestructura online para la interacción social, que ha logrado filtrarse hasta en lo más recóndito de la cultura contemporánea. La investigadora de los nuevos medios y profesora de Estudios de Medios Comparativos de la Universidad de Ámsterdam expone que a medida que la web 2.0 fue madurando y los usuarios emigraron sus actividades dentro de esta infraestructura, sus actividades no solo comenzaron a estar canalizadas a través de las distintas plataformas, sino que comenzaron a programarse dichas actividades, con objetivos específicos.  

Las plataformas de redes sociales, en su surgimiento a principios de la década de 2000, tenían como principal objetivo la interconexión. Hoy, 20 años más tarde, plataformas líderes como Facebook, Twitter y YouTube, promueven servicios en red que facilitan las conexiones humanas. Y esta conexión o participación, es parte esencial de la lógica de las redes sociales. Un término para explicar esta lógica es, la conectividad. Que, si bien resulta efectiva para los usuarios, a su vez, es procesada como datos y convertida en mercancías que generan valor. Se presentan herramientas sencillas con algoritmos complejos que codifican datos que van desde gustos y preferencias, hasta la realidad presentada.

Cuando hablamos de herramientas como el hashtag, los datos aislados y dispersos, no tienen mucho valor, pero los datos en masa, que se agregan en estas plataformas adquieren plusvalía. Razón por la que los medios sociales favorecen, la popularidad. Esta cualidad del social media, acuñado por Van Dijck, explica porqué entonces, rápidamente un grupo puede organizarse alrededor de un hashtag y oprimir o suprimir otro hashtag; resignificarlo. De esta manera, las redes sociales permiten la entrada de nuevas voces con la capacidad de una comunicación masiva (Van Dijck & Poell, 2013).

La popularidad del hashtag #Proudboys expresa una concentración de conexiones; es por esto que, con facilidad los botones y herramientas de las redes sociales nos conducen en esa dirección. La autora de “La Cultura de la Conectividad propone visualizar los medios conectivos como parte de un ecosistema tecno-cultural cambiante, donde se manifiestan tendencias y también tensiones que, a su vez, permiten proyectar con fuerza distintos escenarios. Pero del mismo modo, podría decirse que según los valores que sostienen la imagen social de estos medios, no es accidental que las condiciones que provocan el objetivo de la cualidad social de la red, también favorezca la ideología que haga más rentable la socialidad online.

Reflexionar sobre el fenómeno de contra-apropiación de #ProudBoys, en términos de conectividad, nos permite entender como las redes sociales, abre las posibilidades de organizar una acción colectiva de forma masiva entre sujetos que no estén vinculados de manera previa. Lo que al mismo tiempo tiene que ver con la programabilidad, donde las acciones de las redes residen en su capacidad de programación: los programadores dirigen las experiencias, el contenido y las relaciones del usuario a través de las plataformas (Beer, 2009). Esta conectividad, propia de las redes sociales, es un mecanismo que enfatiza la conformación mutua de usuarios, así como la actuación o performance en el ambiente “online”.  Y aunque pareciera estar anclada bajo principio y prácticas neutrales, toda interacción social está atravesada bajo algoritmos y scripts informáticos. Mecanismos de programabilidad (Van Dijck & Poell, 2013).

Software organiza todas las dimensiones de la vida contemporánea

Es aquí donde conectan las teorías como las de Manovich y José Van Dijck. Todo es posible gracias al software. De acuerdo con lo anterior, la conectividad busca generar datos personales, rastrearlos, analizarlos y monetizarlos. En la medida en que se utilizan las distintas plataformas, pasan por un mecanismo de selección. Cada vez que se presiona un botón como el de tuit o retuit, en Twitter o compartir, en Facebook, se produce un filtrado algorítmico.

Podría decirse entonces que, el hashtag #ProudBoys resignificó en la medida en que dentro de las múltiples plataformas se presentó como el acontecimiento más popular o más conectado posterior al debate presidencial. Suceso que, a su vez, fue amplificado y reproducido por los medios de comunicación masivos y tradicionales, cumpliendo con funciones conversacionales y metadiscursivas. Pero es justo cuestionar; ¿realmente este hashtag implicó sentar las bases para un cambio social? O acaso, ¿esta manifestación solo ocurre porque las posibilidades de la cultura algorítmica propia del software lo permiten?

La realidad virtual, la telepresencia y la interactividad se han hecho posibles gracias a la reciente tecnología del ordenador digital (Manovich, 2005).

Para estudiar los movimientos sociales que tienen origen en el espacio virtual, es imprescindible ver la raíz que permite su manifestación. Manovich habla puntualmente sobre cómo el software impregna todas las áreas de las sociedades contemporáneas; todo se origina en el software. El autor de Software takes command” explica que, la pantalla clásica permitió observar la imagen más allá́ de su carácter material e introdujo el concepto de representación. En vez de actuar solamente como un medio de presentar una imagen de la realidad, la pantalla se convertía en un vehículo para influir en ella de manera directa (Manovich, 2005, p. 154).  

De forma más precisa, el software es esa ventana de acceso para que las imágenes ocupen el campo visual de los espectadores, disrumpiendo la distancia y ubicando al usuario dentro de la realidad visualizada. Los artefactos mediados por el software, más allá de funcionar como unas herramientas mecánicas, han incorporado un poder único de expresión y expansión, como extensión de nuestros sentidos humanos. Del mismo modo, el software es el responsable de extender las formas de representar los datos, así como de modificarlos. Es la razón por la que la tecnología tiene la posibilidad de influir en la socialidad, acorde a un proceso que posibilita rastrear en las reacciones de los usuarios mediante técnicas, algoritmos y estructura de datos.

La novedad de los metamedios no se encuentra en el contenido, sino en las herramientas de software empleadas para crear, editar, visualizar, distribuir y compartir contenido. De igual modo, dicha novedad es posible gracias a la posibilidad de añadir constantemente nuevas propiedades (nuevas técnicas de software) en una dinámica de ampliación y redefinición constante (Manovich, 2013, p.130).

Un movimiento que supo manejar el algoritmo de Twitter

Foto sin derechos de autor.

A tono a nuestro contexto, #ProudBoys solo es posible porque el software, sus herramientas, recursos y el ambiente que proporciona para crear y modificar contenidos y acceder a ellos, lo permite. Asimismo, tuvo impacto porque a través de los tuits y retuits, y su calificación dentro de un modelo de relevancia, que predice qué tan interesante y atractivo podría ser una publicación, pudo colarse como un elemento discursivo popular en Twitter, mediante un factor clave; el algoritmo. Si hablamos del discurso supremacista, de los Proud Boys como organización, podemos ver como el social media permitió producir una especie de “Hijacking” para resignificar de una forma prácticamente súbdita.  El hecho de que los usuarios se organizaron alrededor de un discurso que, reclama el reconocimiento y la valía de hombres homosexuales y que rechaza las premisas que, este grupo, defiende en sus referencias lingüísticas y recursos visuales. Sentó las bases de una la lucha, digamos ideológica cultural y discursiva, pero compleja. Puesto que hay que considerar que dentro del terreno digital existe la posibilidad de que cualquier ideología tome prominencia.

Este ensayo buscó examinar un fenómeno como el que representa el hashtag #ProudBoys dentro del contexto norteamericano, y expuso cualidades que van desde distintos aspectos. En primera instancia, se presentó la dimensión discursiva como un proceso de lucha que se da para que un discurso domine sobre otro. Luego, se contempló el fenómeno dentro del conflicto hegemónico que permea en el enunciado, y que existe entre la competencia y la lucha, entre la aceptación y la oposición ideológica, y que se amplifica dentro de una sociedad conectada. Y más adentrados en el texto, se contemplaron características tecnológicas que permiten la organización masiva alrededor de una herramienta como esta, para crear impacto y reproducción tanto dentro como fuera de las redes sociales. A través de la conectividad, programabilidad y popularidad. Y que, si bien ilustra Manovich, es posible solo a través del software.

Bibliografía

Carr, D. (25 de marzo, 2012). “Hashtag Activism and Its Limits”, The New York Times. https://www.nytimes.com/2012/03/26/business/media/hashtag-activism-and-its-limits.html

Dijck, J. V., & Poell, T. (2013). Understanding Social Media Logic. Media and Communication, 1(1), 2. doi: 10.17645/mac.v1i1.70

Frías, G. (5 de octubre, 2020). Un grupo de hombres homosexuales se apropia en redes sociales de la etiqueta #ProudBoys. CNN.
https://cnnespanol.cnn.com/video/etiqueta-proud-boys-utilizada-por-homosexuales-lklv-gabriela-frias-portafolio-global/

Ingram, M. (19 de octubre, 2011). “Can Watching Twitter Trends Help Predict the Future?”.  https://gigaom.com/2011/10/19/can-watching-twitter-trends-help-predict-the-future/

La comunidad LGTB reivindica el hashtag #ProudBoys en Twitter frente a los mensajes supremacistas. (5 de octubre, 2020). Verne. https://verne.elpais.com/verne/2020/10/05/articulo/1601884142_954250.html

Manovich, L. (2013). Software Takes Command. New York: Bloomsbury. http://dx.doi.org/10.5040/9781472544988

Manovich, Lev (2013). Software takes command. Bloomsbury Academic.

McLuhan, M. (1964). Understanding media: the extension of the man. Nueva York: McGrawHill.

McLuhan, M. (1969). La comprensión de los medios como las extensiones del hombre. México: Diana

Van Dijck, J. (2016). La Cultura de la conectividad: Una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno Editores

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