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Los discursos mediáticos de oposición y lucha en la época de Twitter: el caso de #BLM y BTS

La rutina del siglo XXI es la siguiente: despertarse, agarrar un dispositivo móvil como un celular o una tableta y verificar las notificaciones que hayan llegado por la noche. Seguramente, esas notificaciones están compuestas por reacciones a alguna publicación, noticias, mensajes de texto y más, pero no necesariamente son limitadas al contexto geográfico del usuario. Las redes sociales permiten que cada individuo se conecte a un network global que le da un vistazo a todo lo que ocurre en otras comunidades. Esto no se queda en lo familiar, sino que aplica a todos los aspectos de nuestra sociedad, especialmente cuando se trata de asuntos políticos que afectan a gran parte de la población. Social media permite reclutar, conectar e informar a personas de todo el mundo hacia los movimientos sociales, como ocurrió a mitad de este año en Estados Unidos.

La muerte de George Floyd el pasado 25 de mayo impulsó el resurgimiento de un movimiento mundial en contra de la injusticia racial y la violencia policíaca, propiamente llamado Black Lives Matter (BLM, por sus siglas en inglés). Por casi dos semanas, millones de usuarios en Twitter, Instagram, Facebook y otras redes, enfocaron sus esfuerzos en promover el mensaje del movimiento y abogar por la igualdad de derechos. Muchos artistas y corporaciones también reaccionaron a favor del movimiento a través de sus cuentas de Twitter, y entre ellos se encuentra el grupo musical surcoreano BTS. A pesar de que el grupo está situado al otro lado del mundo, pensaron que era pertinente publicar una expresión en Twitter y acompañarla con una donación en aparente reacción al reclamo del movimiento social. Lo que siguió el acto fue la respuesta de su fanaticada, denominada como ARMY, que empujó aún más la narrativa en oposición a la injusticia racial.

Esa interacción parece entonces un evento interesante, porque demuestra cómo BTS, con su poder y su posicionamiento dentro de ese contexto digital, se suma a un discurso y lo empujan, generando acciones en apoyo a BLM. Esta noción disputa las corrientes ideológicas tradicionales impulsadas por los conglomerados, compañías y estructuras de mediación con mucho poder, influencia y dinero, para entonces demostrar la capacidad que tienen los medios sociales digitales de interrumpir ese agarre tradicional. Esta dinámica ocurre a través de cuentas, usuarios, o figuras populares en la Internet que son propulsadas por los algoritmos y los shares. Es por eso que los eventos recientes de BLM y los actores que respondieron al llamado del movimiento, como BTS, representan un cambio en los paradigmas de la economía política de la comunicación.

La economía política piensa las estructuras mediáticas como sistemas gigantescos y complejos de producción unilateral que controlan los discursos, la representación, y la opinión pública de los medios digitales con poco espacio para cambio. En “La Economía Política de la Comunicación: una actualización diez años después”, Vincent Mosco define la economía política como:

“El estudio del control y la supervivencia en la vida social. […] los procesos de control son, en términos generales, políticos, en el sentido de que constituyen la organización social de las relaciones dentro de una comunidad; los procesos de supervivencia son principalmente económicos, porque conciernen procesos de producción y reproducción.” (2006)

Es decir, el que controla los medios, controla a su vez la comunicación y el mensaje. Sin embargo, los movimientos de las comunidades en línea ya no solo funcionan así; está ocurriendo un evento donde los discursos en oposición, como BLM, batallan los discursos tradicionales que intentan mantener un sentido de hegemonía en la sociedad y evitar lo que esas instituciones probablemente denominan como “un caos”. Esto es especialmente cierto con las comunidades que utilizan las redes como una extensión de su cuerpo y flujo de pensamientos e ideas, como menciona Marshall McLuhan (1964), debido a su exposición constante a asuntos políticos, activismo y propaganda.

El cinismo ante las corrientes tradicionales, las cuentas oficiales y las figuras políticas ha incrementado; los usuarios no toman más de un segundo en decidir si deben “atacar” o “educar” a alguien solo porque expresan algo que está mal desde su perspectiva. Su lealtad está enfocada en íconos que, en su mayoría, son figuras públicas con las que se pueden relacionar e identificar. Esto implica que las expresiones de los artistas en plataformas como Twitter pueden determinar el pensar y los ideales de las masas, provocando un choque entre las ideologías dominantes en la esfera mediática y las ideologías en oposición que surgen de movimientos sociales como BLM.

Foto por Clay Banks (2020), Unsplash

Antes de entender el cambio en el paradigma de la comunicación, es necesario comprender la historia del movimiento Black Lives Matter. Las batallas por justicia racial y en contra de la violencia policíaca no comenzaron con BLM, sino que trazan sus orígenes al movimiento de derechos civiles en la década de 1960’s. Desde entonces, decenas de protestas y organizaciones de índole similar han ocurrido en Estados Unidos y otras partes del mundo. Pero no fue hasta 2013 cuando un grupo de mujeres afroamericanas — Alicia Garza, Patrisse Cullors y Opal Tometi — crearon la etiqueta, o hashtag, “#BlackLivesMatter” en respuesta al asesinato de Trayvon Martin y la brutalidad policíaca que aún arropa su comunidad minoritaria. De acuerdo con la página oficial de Black Lives Matter, la misión del grupo es “erradicar la supremacía blanca y construir poder local para intervenir en la violencia infligida a las comunidades negras por el estado y los vigilantes”. La primera ola fuerte de protestas en nombre de BLM comenzó en 2014 con la muerte de Michael Brown en Missouri, y Eric Garner en New York, a manos de la policía. Este primer ciclo se quedó mayormente dentro del contexto estadounidense, pero, aunque contó con el apoyo de otros países, no fue al mismo nivel que se demostró tan solo unos años después.

No fue hasta mayo de 2020 que surgió el video de la trágica muerte de George Floyd, un hombre negro, a manos de un policía blanco que se arrodilló en su cuello por sobre ocho minutos, provocándole la muerte. El video se difundió rápidamente por las redes y causó una ola de repudio hacia la policía y un gran enojo por el aparente discrimen hacia las personas de la comunidad negra. Desde entonces, los usuarios de Twitter explotaron con comentarios y, al igual que las calles de Estados Unidos, la plataforma se convirtió en un espacio de activismo y reclamos de justicia hechos por las personas que físicamente no podían asistir a las protestas, sea por límites geográficos o a causa de la pandemia por COVID-19.

Estas reacciones solo son posibles gracias a los affordances –entiéndase como la adaptación, aplicación e incorporación de las acciones que no eran intencionadas en la concepción original de la tecnología, pero que los usuarios pueden realizar debido a las características que posee el medio – de la tecnología detrás de las redes sociales. La base de todos los medios sociales es una combinación multidimensional de affordances. Si no fuese por las propiedades de globalización e inmediatez que poseen estos medios, la respuesta hacia este y otros movimientos recientes no se daría en una escala mundial como sucedió. BLM se diferencia de las organizaciones de las décadas pasadas precisamente por esto; las luchas de los 1960’s y 1990’s no tenían la misma capacidad que tiene BLM para reclutar partidarios a nivel intercontinental. Además, con BLM se ha visto el aumento en la participación periodística comunitaria. Es decir, el contenido y los informes que se esparcen como noticias en las redes provienen, en su gran mayoría, de ciudadanos presentes en el evento que tenían aparatos móviles a la mano y listos para fotográficamente documentar cualquier suceso – un affordance. Esto tampoco ocurría en luchas pasadas, y la única perspectiva que se tenía de estas conglomeraciones era a partir de medios como la televisión, la radio y la prensa que, por su parte, velaban por sus propios intereses capitalistas.

Foto por Clay Banks (2020), Unsplash

Estos discursos chocantes son auspiciados por figuras populares en la Internet como BTS, cuando publicaron un tweet, escrito en coreano e inglés, en apoyo al movimiento BLM y repudiando la discriminación racial. BTS, cuyo nombre es compuesto por las siglas para Bantang Sonyeondan o Beyond The Scene, es un grupo de música pop surcoreano que saltó a la fama en 2016. El grupo debutó bajo la compañía BigHit Entertainment en el 2013 y consiste de siete miembros. Desde la década de 2010’s, los grupos de pop surcoreanos han estado expandiendo su gama de influencia fuera de su nación. Sin embargo, BTS es el grupo que mayor fama internacional ha conseguido de todos ellos. Ahora, el septeto es considerado uno de los actos musicales más famosos e importantes de los tiempos modernos. Se estima que el grupo tiene una fanaticada de sobre 33 millones de personas alrededor del planeta, en su mayoría mujeres entre las edades de 18 y 24 años. Su perfil grupal-personal de Twitter (@BTS_twt) actualmente cuenta con 31.4 millones de seguidores, y el tweet en cuestión cuenta con 2.1 millones de likes, sobre 900 mil retweets y más de 192 mil replies. Su logro más reciente fue obtener la posición número uno en el Billboard Hot 100 con la primera canción completamente en coreano, una de las pocas canciones en un idioma que no es inglés en alcanzar esta hazaña (la anterior fue Despacito por Luis Fonsi en 2017).

Una de las características que atraen a las personas hacia BTS es el mensaje general de “love yourself” que lleva su concepto y su música. Con eso, intentan esparcir un mensaje de unión y respeto sin importar la cultura. Entonces, al ser un mensaje tan globalizable, va a producir una audiencia global, por lo tanto, acumulando los recursos y los números para mover las masas a que apoyen algo que ellos también afirman. Este fenómeno se puede explicar a través de la teoría de social media logic por José van Dijck y Thomas Poell, que se refiere a:

“Los procesos, principios y prácticas mediante las cuales estas plataformas procesan información, noticias y comunicación y, generalmente, cómo canalizan el tráfico social. Como los medios de comunicación masiva, las redes sociales tienen la habilidad de transportar su lógica fuera de las plataformas que las generan, mientras sus estratégias tecnológicas, discursivas, económicas y organizacionales distintivas tienden a permanecer o parecer naturales.” (2013)

Dentro de esta teoría, los autores denominan cuatro elementos principales que explican los mecanismos de las redes sociales: popularidad, conectividad, programabilidad y dataficación.  En este caso, se puede aplicar el concepto de popularidad para analizar el caso de BTS. La popularidad establece los parámetros para que ciertos actores sean impulsados al tope de las búsquedas y trending topics mediante los algoritmos, dependiendo de su cantidad de seguidores, y el peso que la plataforma, en este caso Twitter, decida darle. Sin embargo, Van Dijck y Poell indican que “los propios usuarios también pueden participar en esfuerzos concertados para aumentar la visibilidad de ciertas personas […] Grupos de usuarios que deciden que algo debe convertirse en tendencia pueden orquestar una ola publicitaria para promover un artículo en particular” (2013).

BTS es un buen ejemplo de este concepto porque, a pesar de ser una representación de fama con mucho poder mediático, deciden mover sus seguidores hacia el flujo contrario de las ideologías dominantes que explica la economía política de la comunicación. Esto evidencia que, en vez de seguir al “big brother” y los mandatos e ideologías que impulsan las compañías y conglomerados gigantescos de medios, ahora el poder se traslada a otros entes que, en este caso, resultan ser figuras públicas con muchos seguidores y una plataforma grande que les otorga la habilidad de mover las masas. Es importante tomar todo esto en consideración sin dejar de pensar que, al final del día, BTS son celebridades que atraen a su fanaticada por un sinnúmero de razones, aparte de ser consumidos por sus encantos para poder promocionarse y vender su mercancía, y simplemente serán idolatrados.

Foto por BigHit Entertainment (2020), @BigHitEnt en Twitter

Entonces, la pregunta que surge es, ¿por qué un grupo de Corea del Sur, un país mayormente homogéneo y culturalmente distinto a Estados Unidos, sintió la responsabilidad de escribir un tweet sobre un asunto que, a primera instancia, no les pertenece? Además, ¿por qué es interesante que BTS haya hablado sobre Black Lives Matter, cuando decenas de celebridades también expresaron su apoyo hacia el movimiento? El contexto cultural de cual proviene BTS es, como se menciona arriba, de un país racialmente homogéneo, donde la mayoría de las interacciones que las personas tienen con la cultura negra y afroamericana es a través de los medios de comunicación y entretenimiento como películas, series, y, sobre todo, música. Lo mismo ocurre en la situación inversa y con gran parte de su fanaticada; la cultura asiática, en este caso surcoreana, no es la más discutida en Estados Unidos (o por lo menos no lo era hasta que llego la ola del K-Pop), ya que la comunidad surcoreana en Estados Unidos es minoría. Esta situación se presta para crear una población desinformada sobre el quehacer de otras culturas y para perpetuar estereotipos.

No obstante, hay otros asuntos que ameritan esa atención de BTS hacia el movimiento. Por ejemplo, el grupo hace música de género pop, hip-hop y rap. Dos de estos géneros musicales nacieron de comunidades negras en Estados Unidos, y hoy son considerados como los géneros más escuchados alrededor del mundo. Cabe mencionar que la mayoría de las figuras más reconocidas dentro de esos géneros son afroamericanos. Por lo tanto, se puede asumir que parte del apoyo que el septeto presenta se debe a esa razón y para mantener una relación respetuosa con el tipo de música que los llevo a la fama que tienen al momento. Pero, también está el ángulo de la audiencia, su fanaticada ARMY, que propulsaron el mensaje y esparcieron esa ideología.

Foto por Clay Banks (2020), Unsplash

Nuevamente, los affordances de las redes sociales permiten que un artista utilice su plataforma y tome el control discursivo, en reemplazo de su equipo manejador o, en este caso, su casa disquera. La figura utiliza esa popularidad, y las conexiones que surgen de ella, para movilizar discursivamente a su fanaticada en grupos masivos. Esto también remonta a otra categoría del social media logic de van Dijck y Poell, la “conectividad”. Esta característica se define como:

“El affordance sociotecnológico de plataformas en red para conectar el contenido con las actividades de los usuarios y los anunciantes. De manera más precisa, en un ecosistema conectivo de las redes sociales, el “platform apparatus” siempre media las actividades de los usuarios y define cómo se llevan a cabo las conexiones, incluso si los propios usuarios pueden ejercer una considerable influencia sobre la contribución del contenido” (2013).

Esta “conectividad” es otro ejemplo de lo que se conoce como affordance de la tecnología. BTS comunica el mensaje con el propósito de difundir un discurso específico, pero la audiencia, quien tiene libre albedrío de retweet, share, salir a protestar, o no, es la que decide al fin y al cabo si ese discurso merece la atención y propagación – independiente de que el grupo lo haya comandado o no. No obstante, el asunto de “conectividad” explica cómo la gente se reorganiza como comunidad alrededor de BTS, un fenómeno que es global gracias a los affordances tecnológicos de los medios. Se puede decir que esa comunidad de fanáticos, ARMY, se organiza tan meticulosamente como una milicia, es decir, un “ARMY” literal. La fanaticada se reorganiza en torno al discurso que quieren circular y luego comienzan sus propias acciones para elevar el alcance. En esta etapa es donde comienza a verse el discurso de BLM transformado en otro contenido.

El asesinato de George Floyd ocurrió el 25 de mayo, y el tweet de BTS fue publicado el 4 de junio con nueve días de diferencia. Durante ese periodo, ARMY detuvo sus regularly scheduled tweets sobre BTS y dedicó todo su esfuerzo a promover y combatir a favor del movimiento. Para lograrlo, los fans crearon compendios de recursos para donar, informarse, recaudar fondos y reportar incidentes de racismo y violencia durante las protestas. También, como nunca falta en la cultura de la Internet, algunos usuarios crearon memes donde presentan imágenes de las protestas alrededor del mundo con música de BTS en el fondo. Otros optaron por subir fotos editadas de los miembros del septeto con las frases “BTS said BLM” o “BTS said ACAB”, esta última refiriéndose al término en inglés “All Cops Are Bastards” (a pesar de que el grupo nunca implicó directamente la última). En esencia, la fanaticada convirtió los memes en una herramienta valiosa para catarsis, propaganda, difusión de información y protesta.

También surgen otros tipos de contenido como el proyecto #MatchAMillion, que, con donaciones hechas por integrantes de la fanaticada, logró recaudar $1 millón en 24 horas como donación para BLM. La iniciativa surgió luego de que fuera revelado que BTS hizo una donación de $1 millón a BLM y, para celebrarlo y agradecer las acciones del grupo, la comunidad inició el proyecto en apoyo a una causa que batalla por un problema social que afecta una gran porción de la población que compone esa fanaticada. Ahora, el rol de conectar a las audiencias hacia un discurso político no se convierte en trabajo de la figura pública, en este caso BTS que ya publicó su tweet, sino de la propia audiencia y de las publicaciones que prosiguen en el futuro luego de haber consumido y aceptado el discurso inicial.

En síntesis, la interacción y las consecuencias que circulan el tweet de BTS ejemplifican increíblemente las cambiantes dinámicas de poder de este nuevo siglo junto a su contexto de redes sociales. Los discursos están tan conectados y atados por las comunidades en la Internet que ya no le pertenecen a un solo grupo geográfico, sino que se convierten en un ente mundial. Gracias a los affordances y la accesibilidad de social media, es más fácil reclutar a las personas hacia un movimiento, y la indignación que surge de esos grupos se vuelve un asunto de derechos humanos globales. Nunca se ha visto una interacción tan directa entre artista y fanaticada como se permite en las redes sociales. A su vez, estas uniones han dado cierta noción de transparencia sin precedentes sobre los artistas actuales y el poder que tienen para propagar cualquier discurso. Este fenómeno ha creado monstruos culturales como BTS que, con un mero tweet, pueden cambiar la percepción pública a cierta escala. Parece entonces que sí estamos globalmente conectados en comunidad mediante la Internet, pero esa conexión implica también un enlace físico entre cada ser humano, aunque distante, pero en total apoyo.

Foto por Clay Banks (2020), Unsplash

Bibliografía:

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