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Hiperrealidad en la red: la representación de los usuarios en Instagram

Hiperrealidad en la red: Instagram configura en su interior, según el pensamiento de Baudrillard, representaciones en “exceso” de la realidad.

El siglo pasado anunció el advenimiento de la tecnología de los medios de comunicación. Este proceso, que al presente nos pudiese parecer insignificante, trajo consigo importantes transformaciones en los modos de experimentar y de relacionarse en la vida cotidiana. Las técnicas de verosimilitud que contenían las tecnologías de los medios de comunicación generaron un afán cotidiano por capturar en detalle la experiencia de la existencia humana. De este modo, proliferaron diversas manifestaciones culturales que aspiraban a representar la realidad con todos sus signos y símbolos. Así pues, en el presente siglo, que nació anunciando avances y mejoras en las técnicas de comunicación e información, asistimos a una proliferación de signos que atraviesan todas las esferas de la vida social. En este continuo flujo de representaciones e interacciones mediáticas, la consolidación y desarrollo de plataformas virtuales, tales como Instagram, cobran especial protagonismo.

 Dentro de las plataformas virtuales de interacción social, se conciben imperativos de lo real con la proliferación de textos e imágenes del mundo material. En este contexto, las capacidades tecnológicas de las que actualmente disponemos, a saber: computadoras, tabletas y celulares inteligentes, han servido como ruta para entrar al espacio de las plataformas virtuales. Un ejemplo que ilustra lo anterior, es la plataforma virtual “Instagram”, que a través de la entrega principalmente de imágenes, los usuarios pueden representar aspectos de la realidad que les rodea, así como configurar representaciones sobre sí mismos; es decir, sobre la materialidad de su cuerpo. Sin embargo, este gusto humano por representar, unido con las posibilidades técnicas que ofrece la plataforma de Instagram para configurar la realidad con todos sus detalles generan, según el pensamiento baudrillano, la propia consumación de la realidad.

En general, el desarrollo de plataformas virtuales se ancla en la consolidación de la Web 2.0; que permitió a los individuos participar activamente como colaboradores a través de diversas aplicaciones en el internet. En este sentido, los avances de la Web 2.0, promovieron la comunicación de los usuarios en el internet y ordenaron así, nuevas formas de expresión e interacción social. Es así como, las redes sociales, a través de su forma participativa, es decir, mediante la creación de técnicas que permite reacciones positivas como los “likes” o los “me gusta”, junto con la capacidad de generar comentarios, forman “comunidades” de personas que configuran representaciones la realidad que les circunscribe. Cabe señalar, que los avances de la Web 2.0 disiparon las barreras geográficas y sociales tras conectar a personas alrededor de todo el mundo.

Los avances de la Web 2.0, disiparon las barreras geográficas y sociales, tras conectar a personas alrededor de todo el mundo.

Actualmente, las plataformas virtuales han alcanzado a aglutinar redes humanas de millones de personas. Con respecto a Instagram, concebida en el 2010 por Kevin Systrom y Mike Krieger y posteriormente adquirida por Facebook, asciende en la actualidad a los 1.000 millones de usuarios activos en un mes. Cabe señalar que esta red social, se creó inicialmente con el propósito de convertirse en una aplicación para la fotografía. De ahí, lo distintivo y único de la plataforma: provee en su interior considerables “filtros” y herramientas para encuadre, modificación y edición de imágenes.

De este modo lo usuarios en Instagram, se centran en compartir videos, pero fundamentalmente imágenes, que son valoradas por otros usuarios de la “comunidad”. Esta plataforma virtual se desarrolla principalmente gracias a los celulares inteligentes que, con la incorporación de la cámara, facilitan la entrega de imágenes a través de la plataforma. De forma que los usuarios disponen básicamente de una “cámara” para la captura de imágenes y grabación de videos, de herramientas para la edición de la imagen, así como de una pequeña descripción biográfica que pueden hacer sobre sí mismos. También disponen de un numero de seguidores, que ejercen valoraciones sobre los contenidos que estos extienden través de la plataforma. Así pues, la red social se centra en: compartir, valorar y comentar las imágenes que circulan de los perfiles de los usuarios registrados.

“Con la técnica creemos constreñir al mundo. Pero a través de la técnica es el mundo quien se impone a nosotros, y el efecto sorpresa de ese vuelco es verdaderamente considerable”

(Baudrillard, 2004)

Mucho antes del nacimiento de las plataformas virtuales, el filósofo francés Jean Baudrillard, problematizó la fascinación humana por representar a través de las tecnologías visuales la realidad con todos sus signos. De este modo, empleó el prefijo “hiper” para denominar a aquellas representaciones de la realidad que figuraban en las tecnologías de comunicación y transmisión de información. En este sentido, la “hiper-realidad” como lo designa precisamente el sufijo, significaba un exceso, un frenesí por lo real. Según el pensamiento de Baudrillard, este gusto por lo real se traduciría en la disipación misma de la realidad. Es decir, los referentes que conforman la realidad se volatilizan por el exceso, por el afán de hacer la realidad “lo más real posible”. En ese momento, acontecería lo que Baudrillard conceptuó como el “simulacro puro”. Que no es otra cosa, que la “muerte” de la realidad tal y como la conocemos. Esto, principalmente por la incapacidad humana de distinguir lo real de lo irreal. Ante este panorama, nos preguntamos si la representación que los usuarios en Instagram hacen sobre sí mismos, representan el simulacro puro de su persona.

“El medio es el mensaje”

Antes, nos parece conveniente reflexionar sobre la frase mcluhaliana: “el medio es el mensaje”. Con esta expresión, Marshall McLuhan planteó que el contenido transmitido en un medio no era tan relevante como el “mensaje” de transformación que comprendía en sí el medio de comunicación frente al escenario social. En este sentido, los mensajes que pueden producir los medios, en términos de los efectos tecnológicos en la sociedad, hacen menos relevante el contenido que se transmite a través de ellos. Por lo que, podríamos decir que, tanto para McLuhan, como para Baudrillard, los cambios que se gestan en la sociedad debido a el avance, desarrollo y perfección de las tecnologías de comunicación es el “mensaje” fundamental de los medios y el que ciertamente importa. Si bien a Baudrillard le preocupa concretamente el “mensaje” sobre la desmaterialización paulatina de la realidad, por el exceso, es decir por la posibilidad técnica de representación hiperreal que vienen acaeciendo en los nuevos medios interactivos.

Ahora bien: siguiendo el pensamiento de Baudrillard, la investigadora y profesora, Hania Nashef, sostiene que en general, las plataformas virtuales han configurado el camino para que lo irreal y lo hiperreal coexistan. Esto debido a la relativa sencillez y facilidad de producción y consumo que ofrecen las plataformas virtuales. Dicho de otra manera, el fácil acceso que proveen la tecnología de las redes sociales disipa con éxito las fronteras entre lo real y la fantasía. Además, sostiene que, a causa del desarrollo de este tipo de medio, se desencadenó una explosión e implosión de signos que han trazado el camino hacia la la simulación.  

Para Baudrillard, la imagen es en sí la negación de lo real, la invención de una escena diferente: “Tomar una imagen de un objeto es quitarle una por una todas sus dimensiones: el peso, el relieve, el perfume, la profundidad, el tiempo, la continuidad, y obviamente el sentido”. De este modo, el medio de “Instagram”, que permite la interacción entre individuos a través de la transmisión principalmente de imágenes, configura representaciones de la realidad de manera condensada y exagerada. Es decir, es un hecho propio de la hiperrealidad.

En esta plataforma virtual, los usuarios, a través de la creación de un perfil pueden compartir imágenes editadas o modificadas sobre sí mismos. Como mencionamos anteriormente, Instagram, contiene en su interior herramientas de edición fotográficas, que permiten la alteración de la imagen. De modo que la representación de lo usuarios sobre su en trono social, pero especialmente sobre sí mismos, excede lo real al exteriorizar, por ejemplo: rostros sin imperfecciones, posturas atípicas, sonrisas perfectas, cuerpos ideales. En otras palabras, la “hiper” imagen irrumpe constantemente en el espacio virtual de Instagram.

Podemos ejemplificar lo anterior de la siguiente manera: supongamos que este usuario que comparte frecuentemente imágenes a través de Instagram tiene un severo problema de acné en su rostro a causa de la adolescencia. Como esto no configura en los ideales de representación estética en la cultura, decide modificarlo a través de las herramientas que ofrece la plataforma de Instagram. De este modo niega este aspecto de sí, es decir lo oculta, por medio de la edición y la aplicación de un “filtro” que desvanece significativamente su rostro marcado por el acné. Con este ejemplo, hipotético y a propósito exagerado, queremos mostrar como la representación que este individuo hace sobre sí mismo, no guarda relación con la imagen real. En otras palabras, la representación del usuario excede a la realidad.


Podríamos argumentar que, como consecuencia de esta “hiper” representación, el referente que caracteriza al individuo en el terreno de la realidad comienza a desvanecerse en el espacio virtual. Es decir, la posibilidad de que las personas puedan distinguir las características reales de las irreales que conforman la imagen de esa persona, se vuelve un reto. De este modo, es ¿Instagram es el epítome del pensamiento Baudrillano? ¿Nos encontramos en los principios del simulacro puro?

En conclusión, resulta difícil identificar el momento preciso en que la representación de los usuarios se convierte en la “simulacro puro” de la realidad. El pensamiento de Baudrillard nos ayuda a examinar e interpretar la plataforma virtual de Instagram como un espacio donde se configuran representaciones en “exceso” de lo real y en este sentido, pensar la red como un espacio en el que el puede producir la “simulación pura”. Sin embargo, debemos tener presente que el proceso de consumo o decodificación de las imágenes está atravesado por complejas estructuras sociales en las que habría que examinar la posición que asume el sujeto que decodifica la imagen.

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